En primer lugar, cabe señalar este maravilloso invento en el que trasnportábamos al enano por toda la casa. En ocasiones, después de dar bien por saco y tras haberse soltado, comido y tirado por ahí las almohadillas de los lados (sujetas con velcro) se quedaba dormido. Pero como ya he dicho, no era frecuente. Aunque he de decir que, cuado así opcurría, intentábamos no respirar si quiera para que "la paz" durara un poco más.
Rodrigo siempre destacó por su inmenso par de mofletes. Si esta foto se viera bien, os aseguro que os costaría encontrarle la boca, ya que se hallaba tras éstos. Su tío y padrino, Juan, llegó a decir que, en unos años, cuando aprendiera a contar, en vez de decir 3, tendría que decir 1,1,1.
Esta fue la primera vez que pisó el mar. Lógicamente, se mojó las posaderas.
No podemos despedir el blog sin hablar de nuestra prima Carlota... es posible que ella ahora se muera de vergüenza, pero nosotros nos lo tomamos con filosofía, pues al fin y al cabo, todos hemos sido pequeños y plastas.
El caso es que Carlota vivió los primeros años de su infancia enamorada de Rodrigo. La cosa era así: "Ay Rodrigo... qué guapo eres..." y casamientos por aquí, y noviazgos por allá, y embelesamiento en la mesa mientras comemos... en fin. Pero eso ya pasó.
En la foto siguiente podréis apreciar lo emocionada que estaba Carlota del brazo de Rodrigo, cual foto nupcial.
El coquito de al lado es Amanda, nuestra otra prima y hermana de Carlota, que por cierto, son hijas de la tía y madrina de Rodrigo, Eva.



